¿ESTÁ MAL QUE LOS REVOLUCIONARIOS CANTEMOS EL HIMNO NACIONAL?

Un debate con el trotskismo

¿ESTÁ MAL QUE LOS REVOLUCIONARIOS

CANTEMOS EL HIMNO NACIONAL?

Escribe Germán Vidal

En algunas iniciativas unitarias de las que hemos participado en los últimos tiempos, sectores trotskistas han vuelto a plantear su conocida posición contraria a cantar el Himno Nacional, y a enarbolar banderas argentinas. El argumento es que son símbolos que pertenecen “a la burguesía”.

Esto no es una particularidad de estas corrientes en nuestro país, sino que obedece a la postura de estos trotskistas contraria a Lenin, quien a partir de analizar cómo el capitalismo del siglo 19 se había transformado en imperialismo, estableció que el mundo se había dividido en países opresores y países oprimidos.

A partir de comprender el fenómeno del imperialismo, Lenin desarrolló las posiciones de los comunistas hacia lo que se denominó “la cuestión nacional”, es decir la lucha de las naciones oprimidas por su independencia, por un Estado nacional en los países coloniales, semicoloniales y dependientes, y cómo estos procesos liberadores confluían con la revolución proletaria mundial.

Los trotskistas, con su planteo de que la bandera de un país, o su himno, “pertenecen a la burguesía de ese país”, cuestionan la necesidad del proletariado de ser el motor y dirigente de una revolución de liberación nacional y social, lo que implica su alianza con sectores de otras clases, interesadas también en romper con la dependencia. Estos trotskistas no aceptan, en los hechos, la división leninista en países opresores y países oprimidos.

En los países oprimidos, el himno, o la bandera, también son símbolos en la larga lucha antiimperialista.

Nuestra historia está llena de estos ejemplos, desde la creación de la bandera por Manuel Belgrano, hasta las estrofas del himno censuradas por el régimen oligárquico a comienzos del siglo 20.

Sobran los ejemplos de combates obreros y populares donde se entrelazaron las reivindicaciones de clase con las antiimperialistas, en los que la bandera y el himno fueron instrumentos de esas luchas, disputando el uso que hacen de ellos las clases dominantes. Esto se volvió a comprobar en la lucha de los trabajadores de Kraft del año pasado.

Herederos de los socialistas reformistas

Nuestros trotskistas vernáculos son herederos de viejas posiciones que estuvieron en boga en algunas corrientes socialistas y anarquistas a comienzos del siglo 20.

Mientras los bolcheviques rusos, con Lenin primero y con Stalin después, desarrollaron el marxismo en este aspecto, buscando hacer avanzar la revolución en los países oprimidos, en nuestro país algunos renegaban de “ la Patria ”, como el periódico del Partido Socialista dirigido por Juan B. Justo, que en 1909 afirmaba: “Patria es una de esas palabras cuyo significado degenera y apenas tiene sentido”.

Como estos trotskistas hoy, aquellos socialistas reformistas ocultaban, en nombre de un supuesto internacionalismo, su más profundo desprecio por las masas populares, y una apenas disimulada admiración hacia los “inteligentes” pueblos de los países imperialistas. Como lo expresara Mario Bravo, dirigente socialista, en 1909: “¿Y qué valor tiene para mí, socialista, es decir, ciudadano de la Internacional , la bandera azul y blanca de este país?

¡Ninguno! La bandera argentina no es otra cosa que el símbolo político del gobierno que soporta esta comarca de la tierra”.

Esta postura, que reconozcamos no fue aceptada por todos en el PS, llevó, por ejemplo, a que los concejales de Buenos Aires por ese partido, se negaran a rendirle homenaje al general Martín Miguel de Güemes, el 17 de junio de 1921, al cumplirse el centenario de su muerte.

Es cierto que nuestra oligarquía, en el momento que entregaba de pies y manos nuestro país al

imperialismo, más usaba la palabra Patria, como se vio en las represiones al movimiento obrero en las décadas del 10 y el 20 del siglo pasado. Pero esto no excusa a los revolucionarios, ni de ayer ni de hoy, para ver la complejidad del proceso revolucionario y sus etapas en un país dependiente y disputado por varias potencias como el nuestro.

La falta de comprensión de los rasgos distintivos que nos habían conformado como nación, y la importancia de tenerlos en cuenta para la necesaria unidad revolucionaria de los sectores populares, se mantuvo incluso en el Partido Comunista hasta muchos años después de su fundación, lo que dificultó su trabajo entre los sectores más oprimidos del campo y la ciudad.

Nosotros, comunistas revolucionarios, entendemos que el internacionalismo no está reñido con cantar el himno nacional, o con hacer flamear la bandera argentina junto con la roja del proletariado.

Entendemos al PCR como el destacamento nacional de una clase que es internacional, cuyo objetivo es dirigir al proletariado y las masas populares en la lucha revolucionaria contra sus enemigos: el imperialismo, los terratenientes y la burguesía intermediaria.

Publicado en el semanario Hoy  Nº 1306 del PCR.(24/2/10)  http://pcr-argentina.org/

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