Homenaje a camaradas asesinados en 1975

Discurso de Horacio Micucci

Camaradas, compañeros, amigos:

He pensado en estos días que iba a ser difícil hablar aquí sin emoción.

Pero también pensé que era mejor así. Porque no vamos a homenajear a mujeres y hombres de bronce.

Lo fantástico de la realidad, que supera todas las fantasías, es que hombres y mujeres comunes hacen grandes cosas. Hacen revoluciones y son capaces de enormes heroísmos que, seguramente, ellos no creían que podían hacer.

Ana María, Herminia, Carlos, David y Guillermo fueron parte de una época dura y a la vez iluminada de esperanzas, llena de futuro.

Eran años de dura disputa interimperialista por el dominio del mundo entre yanquis y rusos.

Pero, a la vez, era una época de auge tremendo, impresionante.

La revolución Cultural China, el Mayo Francés, antes la Revolución Cubana, el triunfo de Vietnam, Laos y Camboya.

Y en Argentina un reguero de puebladas: el rosariazo, el correntinazo, los dos cordobazos, el rocazo (verdadero camino precursor de una multisectorial en lucha), las ligas agrarias, cuerpos de delegados en el Movimiento Obrero, cuerpos de delegados en el Movimiento Estudiantil.


Los más jóvenes, que no vivieron esa época, pero que sí vivieron el período del santiagueñazo al argentinazo, se lo pueden imaginar.

Y el clasismo recuperaba comisiones internas. Y Salamanca (inseparable de Gody Álvarez) era Secretario del SMATA de Córdoba.

Tan profunda era la crisis que, algunos lo recordaran, sobre fines de la dictadura de Lanusse, la Policía de la Provincia, por cuestiones salariales, se sublevó aquí en La Plata y se acuarteló en el Departamento Central.

Se formó un movimiento llamado MOPOL (algunos de cuyos integrantes, incluso, tomó contacto con el Movimiento Estudiantil). Y Lanusse se vio obligado a reprimirlos con los tanques de Magdalena, al mando del General Sánchez de Bustamante y el General Pomar. Me acuerdo que entraron con un tanque por la escalinata del edificio que está sobre calle uno.

Y uno no se daba cuenta de la importancia de eso, pero tiene sentido, hoy, imaginar que ocurriría si el proceso revolucionario hubiera sido más profundo.

No era tan ingenua y utópica aquella consigna de mediados de los 60, que coreábamos los estudiantes cuando la policía nos reprimía: “a la policía le quedan dos caminos: unirse junto al pueblo o ser sus asesinos”…

Y Ana María, Herminia, Carlos, David y Guillermo eran hijos de esa época. Eran protagonistas de esa época.

Ana María, en su Barrio, del que era parte como un pez en el agua.

Herminia en el Hospital, como ya se ha dicho aquí.

Y, además de lo que ya se ha dicho sobre Carlos, quiero agregar algo más. En esos años, donde hoy está la Facultad de Odontología, estaba el Comedor Universitario y, en los primeros años de los setenta hasta la dictadura del 76, era el lugar donde todos los partidos y agrupaciones estudiantiles ponían carteles, que cada vez eran más y cada vez eran más grandes.

Pero pocos saben que los primeros carteles los pusimos nosotros. Y que un grupo de cuatro compañeros, de los cuales Carlos Polari era el responsable, se dedicaba a esa tarea.

Y en la Universidad estaban ya David y Guillermo.

No eran épocas de utopías, como se dice ahora para esconder el escepticismo. Eran épocas en que la revolución se tocaba con la punta de los dedos. Eran épocas donde habíamos encontrado un librito de la revolución cultural china con un escrito de Mao donde decía que los Centros de investigación de la Universidad no debían sólo limitarse a estudiar e investigar. Tenían que ser además centros de producción en pequeña escala en temas de tecnología de punta o de extrema necesidad. Y ese centro de producción de medicamentos que tiene hoy la Facultad de Ciencias Exactas de La Plata es hijo de esa idea, hasta hoy vigente, que todavía espera su realización completa.

Después vendrían los días de la lucha antigolpista.

No voy a repetir lo que Jacinto Roldán escribió en el libro “La trama de una Argentina antagónica”. Allí y en la carta de Salamanca de principios de 1975, que conviene releer, está todo dicho.

Todas las potencias imperialistas acordaron el golpe, pero las más activas eran los rusos y los yanquis. Y en muchos momentos eran más activos los primeros.

Disputaban el mundo y Argentina era parte de esa disputa.

Su Cono Sur era y es clave para el control de la confluencia Atlántico Pacífico. Y tenían que rapiñar nuestro patrimonio, como se vio después.

Pero primero ese tremendo auge debía ser detenido con una tremenda represión fascista. Los medios oligárquicos hablaban de los soviet de fábrica…

Sólo entendiendo la magnitud del auge revolucionario de las masas que conmovió los cimientos del Estado oligárquico imperialista, sólo a partir de esto se podrá entender la magnitud del terror fascista, el revanchismo de las clases dominantes que, usando el control del aparato del Estado, reprimieron a mansalva a la clase obrera y el pueblo.

El otro objetivo del golpe era desplazar al gobierno de la Sra. de Perón.

Es cierto que ese gobierno era un gobierno débil, reformista, vacilante, heterogéneo y con sectores reaccionarios en su seno.

Pero, también, era un gobierno, opuesto a los planes golpistas, que practicaba una política internacional tercermundista. Anuló los contratos de Aluar, el negociado del monopolio del aluminio del grupo ruso de Gelbard. Decidió no comprar Ítalo (cosa que después haría la Dictadura a instancias de Martínez de Hoz). Argentinizó la Siemens. Nacionalizó las bocas de expendio de Shell y Esso, mantuvo el control estatal de frigorífico Swift. Concretó la Ley de Contrato de Trabajo. Aprobó la ley de Jardines Maternales y no pidió préstamos al Fondo Monetario Internacional.

En 1975, la Sra. de Perón dijo que el Golpe de Estado venía a derribar las chimeneas y fue efectivamente así.

La Dictadura vino a aplicar a sangre y fuego el Plan de Martínez de Hoz. Y todos sabemos que significó ese plan.

En 1978 Martínez de Hoz dijo, en un diario, que había que privatizar 30 ó 40 empresas del estado nacional y un número similar de empresas provinciales y que al principio sería difícil y cuesta arriba pero luego se entraría en una meseta y luego sería fácil y cuesta abajo. Una verdadera premonición de lo que ocurrió.

Hay quien dice que Argentina no tiene políticas de Estado. Esto no es cierto. La política de Estado que inició la Dictadura, una política de sumisión nacional y miseria popular, se siguió luego aplicando en gobiernos que fueron verdaderos gerentes de la dependencia incluido el actual período Kirchner.

Hoy parece obvio, a la luz de lo que ocurrió, que en aquellas circunstancias todo comunista revolucionario, todo comunista verdadero, todo revolucionario, todo antiimperialista, pero también todo demócrata sincero y todo luchador consecuente del pueblo, debía estar contra el golpe que se venía. Pero entonces no todos lo veían así y aún hoy lo discuten.

Resulta sorprendente que supuestos nacionalistas defiendan el Golpe de Estado que aplicó el plan de entrega y sumisión nacional de Martínez de Hoz y continuadores, cuyas consecuencias todavía vivimos. También sorprende la confusión de quienes, diciéndose de izquierda, creen que era lo mismo el Gobierno de la Sra. de Perón que la Dictadura.

Había una posición patriótica y popular en esos años: oponerse decididamente a todo golpe de estado, defendiendo al gobierno constitucional. Y hay militares que habían dado antes ejemplo de eso: el Teniente Coronel Philipeaux, a quien tuvimos el honor de conocer, se sublevó en junio del 56 para reponer al gobierno constitucional y armó al pueblo de La Pampa para lograrlo. San Martín y Belgrano fueron ejemplo de “desobediencia debida”.

El Partido Comunista Revolucionario comenzó a denunciar los preparativos golpistas desde la segunda mitad del 74.

Sin embargo algunos se burlaron. Recuerdo en la cárcel después, cuando estuve en la misma celda con un obrero del Astillero, que me dijo que se reía cuando un compañero nuestro decía que el principal peligro era el golpe que se avecinaba. Y me dijo: “cuanta razón tenía Armando. Yo no le creía, pero tenía razón cuando decía que el golpe se venía”…

Es que allí ocurrió una división en la izquierda

Había un sector que tenía tres errores:

El primer error era que creía que la URSS era un país socialista amigo y apoyo de los pueblos. Nosotros decíamos y decimos que era un país socialista de palabra e imperialista en los hechos y fascista de tipo hitleriano en el plano interno, igual que China hoy.

El segundo error era que creía en la violencia en manos de grupos elitistas. Nosotros creíamos y creemos en la violencia del pueblo en armas.

Y el tercer error era que confundía el enemigo. Atacó primero a Perón y después a su esposa, como el enemigo principal.

Esos tres errores hicieron que el socialimperialismo ruso que tenía poderosas palancas de la economía, de la política y de las fuerzas armadas, lo usara para debilitar al gobierno y crear condiciones para que las fuerzas armadas se nuclearan alrededor de ese oscuro general, el General Videla.

El falso PC decía que tenía a las cuatro V (Videla, Viola, Vaquero y Villarreal) frente a las tres A.

Los preparativos golpistas comenzaron antes. El Dr. Julio C. González, Secretario Técnico de la Presidencia en épocas de la Sra. de Perón, relata mucho de eso en su libro “Intimidades de un Gobierno”.

Por ejemplo, la pugna por colocar a Videla y Viola en los cargos máximos del ejército, desplazando al General Numa Laplane, que había hecho un discurso, manifestándose en contra de los “eternos románticos del golpe de estado”.

Relata por ejemplo, las actividades golpistas del Gobernador Calabró  y su relación con el grupo proruso de Videla y Viola, que se pondría más de manifiesto cuando se produce el golpe y entrega la gobernación.

Precisamente en La Plata, en seis meses desde el 7 de diciembre de 1974 son asesinados seis camaradas. Y el Partido Comunista Revolucionario denuncia, en solicitadas y pintadas, a las bandas asesinas prorusas del Gobernador Calabró, marcándolo a fuego y llevando a miles y miles la denuncia del golpe de Estado, viniera de donde viniera, y la necesidad de defender al gobierno constitucional.

En esos momentos era asesinado, también por los mismos personajes, el Intendente Rubén Cartier de La Plata, de cuyo asesinato también se cumplen 35 años.

Decíamos ya en noviembre de 1974: “no a otro 1955, junto al pueblo peronista, contra el golpe proruso o proyanqui para avanzar en el camino de la revolución”.

En medio de esa lucha antigolpista se produjo el asesinato de nuestros camaradas. Enrique los marcó a fuego cuando gritó “no son policías, son rusos, quieren el golpe de estado”. Luego, la firme actitud del PCR marcó a fuego a los golpistas, a los rusos entre ellos y a Calabró en particular.

Eran momentos muy duros y de decisiones personales.

En esos días, Guillermo me dijo que comprendía que, después del asesinato de Enrique, ya nada sería igual. Que él se había planteado dos opciones: o reducir su militancia a ser un amigo del partido que simplemente aportara con dinero a su sostenimiento o hacer de la lucha por la revolución el centro de su vida. Y que se había decidido por esto último.

El golpe pasó. Y esa banda cívico militar, golpista y genocida, sostenida y apañada por las potencias imperialistas, trajo esa orgía de sangre que conocimos, para aplicar sus planes.

Rusos, yanquis y otras potencias disputaban, en el seno de la Dictadura, por el control de la misma. Por eso, los rusos defendían en los foros internacionales, de las acusaciones de violación de derechos humanos, a la Dictadura. Ésta, a su vez, condecoró al general ruso Brailko, en 1979.

El golpe pasó, en primer lugar, porque se unieron los sectores prorrusos y proyanquis para seguir disputando, sin estorbos, por el control de Argentina.

En segundo lugar porque el Gobierno del General Perón y su esposa fracasó en su programa de reconstrucción en paz, como decía.

En tercer lugar el golpe pasó porque el Partido Comunista Revolucionario todavía era débil.

A lo largo de décadas construimos una línea política capaz de unir lo patriótico y nacional (es decir lo antiimperialista), con lo democrático y popular (es decir lo social). Una línea capaz de unir a esos dos grandes movimientos que son la clave para iniciar un camino venturoso para Argentina.

Hoy tenemos una línea esencial para ayudar a la clase obrera y el pueblo a hacer esa gran revolución necesaria y posible: la Revolución democrática popular, agraria y antiimperialista en marcha, ininterrumpida y por etapas, al socialismo.

Una línea para reagrupar las fuerzas obreras y populares, patrióticas y democráticas, para terciar, enfrentando la política kirchnerista, y desnudando a sus rivales dentro del sistema, que buscan recambios con más ajuste

Una línea, que en el camino de las puebladas, la rebelión agraria, las multisectoriales y el Argentinazo permitirá a la clase obrera y el pueblo terciar en la lucha por el poder e imponer ese tipo de gobierno, patriótico y popular, que abra el camino a la Revolución de la Segunda Independencia, que refunde una nueva Argentina.

Una línea que rescate la consigna de Mayo “ni amo nuevo ni amo viejo, ningún amo” y que pugne por una Argentina independiente de toda dominación extranjera, como dice nuestra Declaración de la Independencia.

Para terminar con esta republiqueta en que han convertido a nuestra gloriosa Nación, los Kirchner y sus antecesores. Una republiqueta sojera, minera, petrolera, pesquera integrada como país dependiente al mundo “globalizado” (como se dice ahora), mundo en crisis que quiere hacérsela pagar a los pueblos y a los países oprimidos y dependientes como el nuestro. País dependiente y con una parte de su territorio usurpado por el colonialismo imperialista inglés, en Malvinas, Islas del Atlántico Sur y mares adyacentes. País indefenso, con balas para combatir una hora, como ha reconocido la Ministra Garré recientemente, lo que significa que nuestras tierras, nuestros mares y nuestro espacio aéreo están en completa indefensión. Y, lo que es peor, están en completa indefensión las mujeres y hombres de nuestra Patria que son el elemento principal de las fuerzas productivas del país y en los cuales reside la verdadera Nación, como decía Ramón Carrillo.

Una línea para este momento, donde millones se han hecho dueños del Bicentenario. Donde la clase obrera está en el centro de las luchas. Donde el camino de las puebladas sigue vigente.

Un momento en que debemos tener claro qué nos ocultaron o deformaron de la Revolución de Mayo y porqué.

Nos ocultaron el partido de la Independencia porque nos ocultan la necesidad del partido revolucionario.

Nos ocultaron el frente único que estuvo en esa multisectorial que fue el Cabildo, que agrupó a revolucionarios, comerciantes, militares, religiosos e intelectuales.

Nos ocultan el pueblo miliciano que fue la base de la derrota de las invasiones inglesas, y la base militar de la Revolución. Nos ocultan, también, a los militares que, en 1806 y 1807, no vacilaron en unirse al pueblo. Nos ocultan a Arenales, militar español que peleó hasta Ayacucho. Nos ocultan a San Martín y otros, que provenían del ejército español, fracturado, que peleó contra Napoleón. Y nos ocultan todo esto porque nos ocultan los dos componentes de la lucha armada necesaria para la Revolución de la Segunda Independencia.

Nos ocultan, en fin, las tres armas mágicas que necesitamos para la Revolución de la Segunda Independencia.

Pero esa línea que tenemos no surgió de la nada. Fue cobijada y cuidada en su desarrollo por el sacrificio cotidiano, minucioso y anónimo de miles de militantes del Partido Comunista Revolucionario. Y fue regada generosamente y fertilizada por la sangre de los camaradas que hoy homenajeamos.

Ese sacrificio nos deja una herida abierta pero también un inmenso orgullo.

Esa herida sólo cicatrizará, dejando una marca para que nunca olvidemos, cuando la revolución triunfe. Porque es la revolución la máxima justicia para un revolucionario.

Quien aquí habla tiene una deuda de sangre con los camaradas asesinados. Cuatro de ellos cayeron cuando pintaban por mi libertad.

Alcanzaron a escribir en una pared la palabra “libertad”. Y cumplir con esa palabra es deuda de honor.

Libertad es lograr una Argentina donde haya alimento para cada uno, techo y lecho para cada uno, trabajo para todos, salud y educación como derecho de cada uno, tierra para el que la trabaja, en un mundo, donde los países no sean lobos de otros países y en una Argentina, donde el hombre no sea lobo del hombre.

Camaradas, compañeros y amigos: que así sea.

Horacio Micucci – 30 de mayo de 2010

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